EL NUDO - RELATO DE UN MOMENTO ASFIXIANTE
EL NUDO - RELATO DE UN MOMENTO ASFIXIANTE
Se cree que fue la cuarta
ocasión en que José tenía que usar corbata.
Su papá ya le había hecho el nudo pero se deformaba en pocos segundos
gracias a la sedosidad de la tela. En
dos o tres oportunidades volvió a ajustárselo sin éxito. La madre no lo intentó, ya estaba resignada
al nudo torcido de su hijo. Lo
importante ese día era la ceremonia. Sin
embargo el nudo se le hacía cada vez más molesto, era casi verano, el calor
agobiaba y el sudor empapaba sin piedad el largo de su espalda.
Aparecieron las tías del
campo, eran cuatro y todas, una a una a medida que iban saludándolo,
aprovechaban para acomodarle el nudo, pensando tal vez que lograrían que se
quede en su lugar. El resto de los
presentes miraba con cierta indignación cada vez que una de las tías casi
centenarias apretaban más esa corbata y el rostro de José parecía enrojecer, ya
no de vergüenza sino de ahogo. Por momentos se sintió agobiado, asfixiado, casi a
punto del estrangulamiento. El sudor en
todo el cuerpo, los nervios, las tías y amigos que opinaban sobre si el nudo
debía trabarse con alfiler o dejarse libre o si directamente debía quitarse la
corbata, todo confabulaba para que se le transformara la cara y se lo
percibiera al borde del llanto.
Llevó su mano hasta el
cuello, palpó el nudo que estaba otra vez torcido y tiró hacia abajo
aflojándolo del todo. Ahora eran caras
de horror las de las tías y del propio padre.
¿A quién habrá salido tan rebelde este crío que no es capaz de soportar
una corbata una hora?. La madre decidió
finalmente intervenir y se acercó para pedirle cariñosamente que aguantara unos
minutos más, que ya iba a comenzar la ceremonia y pronto se podría quitar ese
nudo molesto. Volvió ahora ella, a
apretarlo contra la garganta de su hijo, orgullosa, alegre, radiante, quería
que el nene estuviera impecable para la ocasión. Apretó mucho y después se alejó dándole una
caricia en la mejilla.
Les llegó el turno. Todo fue rápido y el nudo se mantuvo torcido
todo el tiempo. Finalmente José se
sintió más libre que nunca cuando pudo aflojarlo un segundo después de haber
firmado el acta de matrimonio.